Para todo en esta vida tenemos una excusa y el Rocío para mi, es la excusa perfecta para ver a viejos amigos y encontrarme con antiguos recuerdos que todos los años pasan por mi mente. Eso si, siempre se aprende o se conoce algo nuevo. El Rocío no deja a nadie indiferente, es tan peculiar y auténtico que quien lo prueba repite.
Para aquellas personas que no lo conozcan, el Rocío es una peregrinación de 8 días, son varios los caminos hasta la aldea de El Rocio, en la provincia de Huelva, Todos los pueblos de Cadiz cruzan el río Guadalquivir y recorren todo el Parque Nacional de Doñana. Sevilla pasa por el parque desde su zona geográfica al igual que Huelva.
Si tenéis oportunidad, el camino de Cadiz es el mas impresionante, pinares, dunas y mucha vegetación, recuerdan una época primigenia, donde la mano del hombre no ha tocado. Las puestas de sol son impresionantes, de hecho, muchas de ellas han sido usadas por directores de cine en Hollywood, Steven Spilberg en El Imperio del Sol y George Lucas en la ultima saga de las Guerras de las Galaxias.
En la aldea se descansan 4 días, el ultimo día sale la Virgen del Rocío, esto es excusa para que en cada casa se preparen festines y banquetes para agasajar a los amigos y a los amigos de los amigos.
Yo siempre voy a la misma reunión desde que tengo uso de razón, la nuestra es familiar y siempre con amigos a de mi padre D. Enrique Pérez Zambruno, Sibarita y mentor, sin el no apreciaría ni buscaría nuevos sabores.
En mi casa todos los amigos son bien acogidos, atendemos nosotros mismos, con ayuda de D. Pincho, el cual se come lo mas gordo. El menú va variando cada año, pero lo que nunca falta es Manzanilla Pasada de Baron, Amontillado de Baron, gambas crudas con aceite y la tabla de quesos, que mas que tabla es una puerta.
La casa esta bien situada y por ella pasan casi todas las hermandades, este año el Sábado por la mañana paso la Hermandad de Triana y con ella una fiel seguidor Cesar Canabal, amigo de la familia y cuñado de Alfonso Alias el Cani, uno de nuestros invitados, ese día le ofrecimos unas Manzanillas y unas tapas, ya que venían de hacer el camino y tenían que reponer fuerzas.
El domingo y con ganas otro amigo de Don Enrique, siempre se presta a marcarse un arroz o una fideua, este año fue lo segundo, de oreja y rabo insuperable, con un toque picante.
He de resaltar unas anchoas del cantábrico calibré XL y en los postres unas copas de Champagne MUN nunca falta.
La vida a de beberse y comerse y cualquier excusa es buena para compartir con los amigos estos ratos buenos.











