Ya os hablé, de las sorpresas que me encontre en esta ciudad y creo que aún me queda mucho por descubrir, Tánger es el sitio idóneo, puedes pasear por su paseo marítimo sin problemas, es amplio y lleno de vida desde mañana hasta la noche, sus calles rebosan energia, tiene esa mezcla de lo moderno y lo tradicional en sus tiendas y bares. El contraste esta bien definido y equilibrado, sentarte en una de sus cafeterias tomarte un te de menta, como uno mas y ver pasar miles de personas, para aquellos de olfato fino, podréis distinguir el amplio abanico de especies que su gastronomia nos ofrece.
Sin pausa, el dia y la noche se hacia uno, estando sentado en esa cafeteria nos dirigimos al hotel, te cambias y como si navegaras una nube, me encuentro sentado en un restaurante japonés, si JAPONES, restaurante Otori, sin dar mucha tregua al camarero, por que eso si, el látigo siempre en la mano, se despistan mucho, pedimos una botella de vino blanco Medaillon, variedad sauvignon, de Bodegas Cunee President, originaria de Casablanca, este vino estaba mas equilibrado que el de la noche anterior, dulce y suave, como el agua, facil de digerir y su precio 10€. Pedimos un variado de sashimi y unos rollitos de primavera.
Aceptable, buena textura, buen sabor, pero ninguna locura, como para repetir. Destacar que el sonido ambiente estaba muy conseguido, musica de hotel costes, thievery corporation, Mr Scruff, Gotan Project etc...











